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martes, 17 de octubre de 2017

Catalina Larrart Larralde, un sueño cumplido

Escuela Nº1, Catalina Larrart de Estrugamou,
Inauguración 6 de abril de 1915, Junín pcia. de Buenos Aires, Argentina.






































Historia de la E.P.N°1 "Catalina Larrart de Estrugamou"
ESCUELAS CENTENARIAS
"Sueños de infancia: Escuela Nº 1 de Junín
Hubo un sueño, o la memoria de un sueño, en Catalina. Decidió esa mañana que no se lo contaría a nadie, pero le era difícil ocultar la sensación de algarabía que mostraba su rostro. En el desayuno, alguien le exigió que no sonriera tanto y terminara su tostada. Se incorporó firme en la silla y fingió esa seriedad que recomiendan las ocasiones formales. Pero sus ojos brillaban con la fuerza del sol que aparece en la mañana como para revelar un secreto. Apuró el té con un suave soplido dentro de la taza y el color de tenue ámbar del agua le recordó, otra vez, el sueño.
Había un campo de flores y un camino largo, serpenteante. Un camino hecho de pasos sobre la tierra y, sin embargo, parecía hecho para el futuro, porque ningún pie había dejado su huella aún. Pero el camino estaba hecho. Y, a su vera, una forma de primavera que se erguía de las plantas rumbo a la luz. Unos árboles de tronco rugoso pretendían un saludo cordial, como una bienvenida. Todo el paisaje era de bienvenida y Catalina, con su vestido blanco, se acomodaba el cinto de terciopelo para no ser menos, para ser la anfitriona de la ocasión tan especial.
Y cuando levantó los ojos, ya vio llegar a los primeros chicos. El primero llevaba una bolsa de cuero marrón de la que escapaban algunos libros; la segunda tenía una cinta en el pelo y el guardapolvo impecable. Luego la tercera y el cuarto. Venían caminando, rápido, empezaban un trote. Ella los veía, pero ellos no. A Catalina no le importaba demasiado, porque esos pibes iban rumbo a su escuela. De pronto, eran tantas y tantos que la alegría comenzó a desbordarla. Y, claro, a preocuparla. En un momento la entrada estaría atestada de chicos y el sueño, como sucede con los buenos sueños de la infancia, le regaló una puerta enorme.
Es probable que así haya sido el nacimiento del edificio de la Escuela Nº1 de Junín que hoy lleva su nombre: Catalina Larrart de Estrugamou. Es probable o imposible, poco importa ¿Quién podría negar ahora que el sueño de Catalina está cumplido? Pasaron años hasta que en el campo que había imaginado Catalina se colocara el primer ladrillo. Su hijo, Alejandro, había donado el edificio para cumplir el sueño de su madre. Corría el año 1915.
El establecimiento, ubicado en el centro de la ciudad de Junín, en la calle Álvarez Rodríguez 27, es un símbolo: es la representación de todo lo que ha crecido la localidad y el espejo de una región que nunca le escapó al esfuerzo y a la educación. El número 1, batiendo en el centro alto de la construcción, recuerda que se trata de la primera escuela de los juninenses y también rememora que a su albergue crecieron muchos de los proyectos de los hombres y mujeres de Junín. Si bien el edificio actual se construyó en 1915, el servicio educativo ya había sido creado, por decreto, el 5 de diciembre de 1860.
Por eso, las sombras que al atardecer proyectan las elevaciones del edificio dan cuenta de risitas y empujones, del delantal blanco y de los portafolios que reemplazaron después las mochilas multicolores. La señora que lleva al nieto hasta la puerta enorme recuerda, como un suspiro, la primera foto, la que guarda en el cajón de la cómoda, en donde está apoyada sobre el muro. Tiene una pose entre el susto y la ilusión. Tiene la imagen que todos tuvimos el primer día de clase.
Y, franqueada esa puerta pesada, los salones amplios y el hall amparado por fuertes columnas, pilares de una escuela que se despliega a los lados, como una recepción que conduce hacia la galería histórica. Es la Galería Sanmartiniana, el antiguo salón en el que cursó María Eva Duarte, Evita. Por las ventanas de esa sala entra un rayo de sol que viene del patio, del patio separado del otro patio, porque en aquella época los varones y las niñas jugaban en lugares distantes. Casi todo parece de esa época: los amplios ventanales, las férreas paredes, el techo elevado y el magnánimo mástil. ¿Cuántas veces habrá sonado la auspiciosa campana para salvar de la lección no estudiada al alumno que se promete que no le volverá a pasar, que desde mañana se hará tiempo para agarrar el manual? Talántalán salvador o fatal para aquella niña a la que le faltaba un minuto para terminar el cuestionario. Sonido seco que invitaba a la soga, al elástico, a las figuritas y bolitas, o al romántico ver de la infancia que cree que ese chico será el dueño de su corazón para siempre.
EL TIEMPO ES VELOZ. Con la rapidez de la nostalgia, ahora frente a la “Dire”, Elsa Greco, volvemos al presente. Al estímulo del presente de haber sido y de seguir siendo. La mano de Elsa muestra, a diestra y siniestra, lo que la enorgullece: la valía de una escuela que tiene más de 100 años. Y se ha metido en su dimensión el rastro de la actualidad: una sala de informática que juega a disimularse en el tiempo. Tiempo de gráciles monitores y teclados, tan necesarios ahora como antes el lápiz y el papel. Conviven. Greco habla de la importante biblioteca, del laboratorio de ciencias y del salón de usos múltiples. “Aquí –dice-, en un principio, eran todos pisos de tierra”. Las baldosas están adosadas una a otra, pero no ocultan nada: debajo de ellas está la misma tierra. Por la escuela primaria pasaron el último año 370 alumnos, en los turnos mañana y tarde. Elsa Greco lleva 25 años allí y sabe, está segura, que muchos de esos chicos van a enorgullecer a la ciudad. Igual que lo hicieron Evita, el futbolista Juan Manuel Azconzábal, el actor Sebastián Pajoni y tantos otros… Ella, que los vio crecer, sabe que todos los alumnos son importantes por una cosa u otra. Encima, el edificio, cuando cae la tarde, mantiene la
puerta enorme todavía abierta para los que se han rezagado: los adultos que ponen un empeño generoso en terminar sus estudios en la Escuela Media Nº4.
Mientras caminamos, el paso de la directora deja una estela en las láminas pegadas en los muros. Son expresiones de los proyectos artísticos, de lectura, de plástica y de música que encara la escuela. “Además, tenemos proyectos comunes con el Centro de Educación Física de Junín y las bibliotecas Municipal y 9 de Julio”, cuenta orgullosa Elsa. Porque a la escuela le gustan los libros y participa anualmente de la Maratón de Lectura que organiza la Fundación Leer.
La puerta enorme queda abierta. El sueño de Catalina, como en un cuento, se ha hecho realidad. Y los chicos corren por los patios abiertos. Allí donde había un campo, desde 1915 hay una escuela.
El pibe morochito nos mira. Y nosotros lo miramos. Pide permiso para pasar y sale corriendo. No puede haber tanta ternura en un hecho tan trivial. Acaso sólo sucede cuando los sueños nos despiertan con una sonrisa.
Evita: tan especial. En el marco de un proyecto escolar denominado “Plan Pibes”, desarrollado ya hace algunos años, los estudiantes realizaron un trabajo para recuperar del recuerdo colectivo de Junín, la memoria de la Escuela Nº1. Visitaron a los vecinos, charlaron con los ex alumnos, husmearon en libros de historia, en documentos de época y en amarillentos archivos. Su búsqueda, tenaz y fructífera, permitió agregar información acerca de la estancia de Eva Duarte de Perón en la escuela y en la ciudad.
Existe numerosa, y a veces encontrada, información sobre la infancia de Evita, la abanderada de los humildes. La investigación de la Escuela consigna que “el día 11 de agosto de 1933 se le aceptó el pase de General Viamonte a una alumna de nombre Eva María Duarte”. Los ficheros también señalan que Evita completó el sexto grado en la Escuela Nº1.
No se trata de un dato menor, ya que los biógrafos de Evita difieren en los lugares en los que puede haber vivido en su niñez. El documento escolar permite asegurar que Evita, su madre y sus hermanos se habían trasladado desde Los Toldos a Junín a mediados de 1930.
En ocasión de ese proyecto, la Escuela, asimismo, invitó a una ex alumna que compartió las aulas con Eva. No hay registro de su nombre, porque la charla se realizó hace tiempo, pero sí están los que recuperan la referencia que esa señora hizo de Eva. Dijo que “Evita era muy buena compañera”. Las muchas placas de bronce en el edificio sugieren que debe haber sido así. Otros documentos confirman que Evita era muy buena alumna en la materia Declamación, pero discreta en Matemática, y su maestra de 6º A, Palmira Repetti, lo reflejaba en sus notas."

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Gandhi.

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