Llevamos nuestras raíces en el corazón, porque nadie olvida el lugar donde aprendió a soñar. Pero también respetamos y agradecemos al país que nos abrió las puertas y nos permitió construir un presente.
No hace falta elegir entre una bandera y otra. Se puede amar a la Argentina con toda el alma y, al mismo tiempo, honrar la tierra que hoy llamamos hogar.
Que el fútbol nos una, que el respeto nos represente y que nuestras raíces sigan vivas donde quiera que estemos.
¡Vamos Argentina, siempre! Y gracias, España.

















