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jueves, 2 de marzo de 2017

Gente de Bonzi, Enrique Inda y el Faro del Fin del Mundo



 Medalla conmemorativa
Asociación Amigos de la
Isla de los Estados. 
Bicentenario 25/5/2010

Faro del Fin del Mundo
        25/5/1884

  
Enrique y Cata en el jardín de su casa de Aldo Bonzi, marzo 2005.
Cumpliendo con el compromiso de la Asociación Amigos de la Isla de los Estados, con la aprobación del Servicio de Hidrografía Naval y la colaboración del Area Naval Ushuaia, recientemente, con mis vecinos de Aldo Bonzi, Vicente Pinto y Mauro Legati, embarcamos en el aviso "Alférez Sobral" --heroico veterano de la guerra de Malvinas--, que nos trasladó a la isla para ejecutar una serie de trabajos anuales de conservación y pintura del Faro de San Juan de Salvamento o Faro del Fin del Mundo.



 En el viaje de ida nos alcanzó un recio temporal entre la isla Nueva y bahía Aguirre, que nos sacudió severamente, al punto de tener que refugiarnos en Puerto Español, a la espera de que calmara la tormenta para atravesar el estrecho Le Maire.
 Era el tercer viaje que hacíamos en este mítico "Sobral", que sobrevivió al alevoso ataque de misiles ingleses mientras cumplía la misión humanitaria de rescatar pilotos caídos en el mar. Navegar en él es como retornar a un pedazo de nuestra historia: desde el honroso nombre de quien fuera el único argentino que en 1901 integrara la expedición de Otto Nordenskjöld en el "Antartic", aprisionado por los hielos y cuya tripulación fuera salvada por la corbeta "Uruguay", en 1903, hasta su ejemplar desempeño en el conflicto bélico de 1982.
 Una vez desembarcados, el trayecto de la playa al faro fue un duro y fatigoso chapalear por un sendero en empinado ascenso, sobre un terreno de turba empapado por las lluvias y atravesado por sucesivos chorrillos, además de una espesa vegetación que nos llegaba a la cintura. 
 Los tres integrantes de la Asociación fuimos acompañados por un grupo de la tripulación del aviso, incluido su comandante, capitán de corbeta Manuel Alejandro Espinosa, todos los cuales nos ayudaron a trasladar los pesados equipos, herramientas, garrafa de gas, materiales y provisiones.
 Una vez en el faro, después de la tradicional mateada celebratoria, las fotos de rigor junto al mástil y la firma del libro de visitas, retirados los acompañantes, de inmediato nos dedicamos a los trabajos de carpintería en el interior del edificio, pues se largó a llover copiosamente, tornando imposible la proyectada pintura del forro exterior.
 Desde la primera expedición, en 2001, nunca habíamos tenido tan mal tiempo. Ello, no obstante, aparte de la revisión del sistema de desagüe de las canaletas del techo y otras tareas cautelares, instalamos un ojo de buey de bronce para dar luz a la puerta ciega de entrada, como homenaje al 120 aniversario de la muerte de don Luis Piedra Buena (1883-2003) y una placa recordatoria de la expedición del comodoro Augusto Lasserre (1884-2004), fundadora del faro y, posteriormente, también de la primera subprefectura de Ushuaia.

Ventanas al mar. Llegar al faro y permanecer en su interior durante días y noches, viendo a través de sus ventanas el mar infinito rompiendo sobre los peñones milenarios que custodian la entrada de la angosta bahía, es tanto como ingresar en el silencio sobrecogedor de una antigua catedral cargada de siglos y de historia.
 Nadie puede escapar a la fuerte impresión de soledad y lejanía al encontrarse en el extremo este de la isla. Difícil resulta contener la emoción y los recuerdos que nos asaltan, sobre la vida de los primeros pobladores, con sus sacrificios, sus trabajos, angustias y padecimientos.
 Allí, en ese mismo faro vivieron los matrimonios de Elisa y Jorge Morgan y luego De la Serna con su esposa, citado y visitado por Payró en La Australia argentina . Y en el pequeño cementerio al fondo de la bahía descansan, ignorados y anónimos, marineros, civiles, penados y náufragos, recordados sólo por unas cruces sin nombres.

Latigazos del viento. En la proximidad de la Navidad, al sentir sobre el techo octogonal del faro el repicar del granizo o los repentinos latigazos del viento que baja de las montañas nevadas, no podemos menos que imaginar cómo serían las Navidades de aquellos olvidados servidores públicos de la Subprefectura, la Prisión Militar, el faro y los mismos penados, algunos con sus familias, perdidos en la inmensidad del Atlántico Sur, sin más contacto con el mundo que el ansiado arribo de algún demorado transporte de la Armada. O viendo el paso distante de los antiguos veleros rumbo al Cabo de Hornos.
 El cine y la TV nacional están en deuda con aquellos pioneros desconocidos que, entre 1884 y 1902, poblaron San Juan de Salvamento, rescatando náufragos y compartiendo con ellos sus pocos alimentos y comodidades. 
 La aterradora lista incompleta de cientos de naves hundidas entre el Cabo de Hornos y la Isla de los Estados hablan por sí solo de la importancia humanitaria de la instalación del faro y sus abnegadas dotaciones de rescate de náufragos en botes a remo. De esas hazañas, sólo quedan las páginas de Roberto J. Payró, la novela de Julio Verne de 1905 y el fantasioso filme de Kirk Douglas.
 De regreso, y ya en la playa, a la espera del bote del "Sobral", un oscuro petrel volaba silenciosamente en sus habituales recorridas de centinela, mientras unos patos vapor cuchareaban en el banco de cachiyuyo y una bandada de gansos blancos desfilaba mansamente, sin apuros y despreocupados, por la playa de cantos rodados.
 Todo era paz, quietud y silencio bajo un cielo plomizo con lejanos retazos celestes coloreados por el sol de la cercana medianoche. Estaba oscureciendo, pero un zorzal austral oculto en el follaje de las lengas nos despedía con su triste y melancólico cantito.
 Enrique S. Inda , autor de esta nota, es secretario de la Asociación Amigos de la Isla de los Estados, presidida por Eduardo Gordon; además, es autor de El condenado del Fin del Mundo y del reciente El náufrago del Cabo de Hornos.

Homenaje a los náufragos
 En el rompehielos "Ice Lady Patagonia", amarrado en Puerto Madero, se realizó la presentación del último libro de Enrique Inda, El náufrago del Cabo de Hornos , durante un acto organizado por la Asociación de Exploración Científica Austral, el Museo Marítimo de Ushuaia, la Asociación Amigos de la Isla de los Estados y la editorial Cefomar.
 Inda, nacido en Avellaneda en 1923, técnico en perforación y exploración petrolífera, trabajó en la construcción de los puertos de Ushuaia, Río Gallegos y Río Grande; recorrió las Malvinas; fue concejal y diputado, con larga actuación en el Partido Socialista Auténtico.
 En su obra, este apasionado por la vida y los lugares de la Patagonia, recrea el salvamento de un náufrago, recogido por los canoeros yaganes, los más primitivos y desamparados de la región.










Réplica del Faro escala 1/1, con los restos originales en su interior.
Se encuentra en la cárcel de Ushuaia.(fotos marzo 2005).

 Faro de San Juan del Salvamento o Faro del Fin del Mundo

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